jueves 22 de diciembre de 2011

Estamos todos en el mismo barco

Reciéntemente publicado en CEO Forum, les comparto:

Todos estamos en el mismo barco y las olas son grandes... La solidaridad nos conviene a todos.

En las últimas décadas está aumentando el número de personas interesadas en participar en acciones solidarias. Incluyo en esto a las distintas expresiones organizativas de la sociedad civil (ONGs, fundaciones…) y a lo que generan algunos empresarios que comienzan a poner atención en las tareas y en las estrategias de interés comunitario.

Cuando en una sociedad un número significativo de personas empieza a abordar formas diferentes de hacer lo que hacen (en este caso referimos al hacer productivo) estamos ante los inicios de un cambio del paradigma que organiza ese aspecto de la vida. Ese cambio ha comenzado a caminar, a hacerse práctico. Comienzan a cambiar las prácticas de las personas y también sus deseos y proyectos.

Continuar leyendo haciendo click aquí

lunes 19 de diciembre de 2011

Para re-pensar nuestros intereses

Lo económico es lo que aparece en primer plano cuando pensamos en “nuestros intereses” o hablamos de ellos. Y desde esa significación ordenamos nuestras acciones. Sin duda fue el uso histórico del lenguaje lo que generó esa manera de significar la palabra. Pero cuando los tiempos cambian necesitamos que las palabras se re-signifique para poder referir a nuevas necesidades y deseos que se vuelven posibles en el horizonte actual. Creo que este es el camino más potente de la creación (“El verbo crea”. “El verbo es Dios”, ver las primeras páginas del Evangelio según San Juan).

Cada vez somos más los que estamos motivados en enriquecer otros aspectos de nuestra vida que los que atendemos con lo económico y material. Son aspectos que nuestros ancestros dejaron a merced de las circunstancias ante las urgencias que planteaban las limitaciones materiales en que vivían. Eso que no fue atendido es lo que el actual estado de las cosas posibilita y hasta requiere que atendamos.

Son aspectos que tienen que ver con el estado espiritual-emocional-vincular-anímico… con el que transitamos nuestras vidas todos los días. Con el disfrute de cada experiencia y con la alegría de vivir.

Propongo el ejercicio de volver a listar nuestros intereses. Trataré de sugerir algunos sobre los que pienso que es importante que nos detengamos, en tanto creo que son aspectos de nuestra vida a los que solemos cuidar muy poco. Invito a que cada uno lo piense en el escenario real de su vida.

En la relación con nuestros hijos
  • Invertir energía y tiempo en compartir con ellos, disfrutar la mutua existencia y alimentar nuestra comunicación.
    Hacemos esto con lo que nos resta de nuestro tiempo ocupado, pero en los hechos no jerarquizamos la importancia de la cuestión en nuestra vida.

  • Acompañarlos en la construcción de su autonomía y propia solvencia ante su propia vida, ayudándoles en el reconocimiento de sus propios gustos e intereses.
    Solemos darles indicaciones, señalarles deberes y ofrecerles cosas, pero conversamos poco y menos les enseñamos a valerse por sí mismos.

En la relación con nuestra pareja
  • Cultivar la comunicación y alianza. Alimentar el compañerismo y la amistad.
  • Gestar posibilidades de enriquecimiento en la experiencia amorosa-erótica en la pareja.
  • Nutrir en el mayor grado posible una mirada compartida de la vida y el mundo.
Generalmente vivimos en pareja como si las riquezas de esa convivencia fueran manejadas por el destino. Nos tocan en suerte o no nos toca. No buscamos de manera pro-activa formas más ricas de compartir la vida, maneras de alimentar el amor y lograr intensidades mayores.


En el trabajo

  • Lograr resultados económicos positivos en nuestra actividad laboral.
    Es lo que tenemos más aprendido y asumido. Es lo que orienta nuestras acciones y lo que tiene mayor registro en nuestro “balance” de vida.

  • Posibilitar el bienestar personal y de los demás miembros de la organización.
    Si ocurre nos alegra, pero no suele formar parte de nuestras planificación de objetivos.

  • Disfrutar de lo que hacemos.
    El gusto de hacer lo que hacemos no es algo que aprendimos a registrar. Solemos estar sólo estamos atentos a los resultados. Es habitual entonces que no disfrutemos o se nos escape en gran parte.

En la relación con los amigos

  • Enriquecer nuestra capacidad de intimar para compartir y ayudarnos mutuamente.
    Generalmente no hablamos de lo que nos pasa, de lo que sentimos y de lo que deseamos. En el mejor de los casos informamos al otro y decimos nuestra opinión sobre una y otra cuestión. Nos cuesta conversar sobre las experiencias, posibilidades y dificultades de cada uno.

En relación a las propias vivencias existenciales

  • Cuidar nuestra salud física y anímica.
    No es sólo la enfermedad lo que hace necesario el cuidado, sino también el estado de la salud para mantenerse.

  • Alimentar cotidianamente la alegría y el disfrute en nuestras experiencias.
    Somos más capaces de estar atentos a lo problemático que a lo gozoso. También esta última es una capacidad que podemos desarrollar.

En lo social

  • En el bienestar de todos lo integrantes de la sociedad en que vivimos.
  • En la paz y la seguridad social.
  • En el cuidado del planeta que habitamos.
También en el plano social solemos ser poco concientes de nuestra responsabilidad individual. Generalmente tenemos opiniones y asignamos responsabilidad a otros, en particular a los gobiernos de turno, a los políticos y a los poderosos en general. Será bueno pensar en los granitos de arena que cada uno podamos aportar cotidianamente.


Por último, no es sólo una cuestión de conciencia, sino también de práctica. Se trata de comenzar a registrar intereses a cuidar y cultivar, donde habitualmente vemos formas de ser y de vivir ya definitivamente constituidas (yo soy así…) Necesitamos ayudarnos mutuamente a encontrar nuevas formas de ser y vivir. Y eso es lo que propongo.

Ninguno de nosotros sabe cuanto puede lograr de lo que nunca se propuso ser.

lunes 5 de diciembre de 2011

Algo sobre la relación padres-hijos

Continuando con la reproducción de los artículos publicados en en blog de CEO Forum, hoy les comparto: Algo sobre la relación padres-hijos

Vivimos en un mundo en el que el cambio se manifiesta cada vez más en todos los aspectos de la vida. Esto hace conveniente que re-pensemos la manera en que estamos criando personas para vivir en él.

Los padres solemos decir con frecuencia que queremos que nuestros hijos sean felices. Y muy pocas veces se podría poner eso en dudas. El problema es que con frecuencia equivocamos el camino para ayudarle a lograrlo. La dificultad radica en algo que no decimos y que circula implícitamente en nuestros pensamientos y conductas: "yo sé lo que es mejor para él, lo sé porque soy grande y tengo experiencia… tengo la obligación de orientar su vida…" Y por esa grieta de aparente razón se filtran acciones invasivas de la voluntad y de los gustos de los hijos… Así es como muchas veces la vida del chico se diseña a partir de la perspectiva de los padres.

leer + (clic aquí para acceder a la nota completa).

martes 22 de noviembre de 2011

Creatividad en el trabajo, en la vida

En el sitio de CEO Forum de Vistage tengo un blog donde publico con cierta regularidad artículos. Aquí les comparto el comienzo:

"La actividad laboral consume gran parte de nuestras horas y la forma en que la asumimos impacta con mucha fuerza en nuestra manera de ser-estar en la vida y en las relaciones que mantenemos con otros. Para generar mayor bienestar, alegría y goce en nuestra existencia es de enorme importancia que ajustemos, y a veces reelijamos, el espíritu desde el cual toman forma nuestras acciones laborales. También lo es que asumamos con responsabilidad cotidiana los vínculos que entablamos con nuestros compañeros de tareas, con nuestros clientes y con el producto o servicio que generamos".

leer + (clic aquí para acceder a la nota completa).

viernes 4 de noviembre de 2011

Taller de Pensar la Vida online del 31/10

Aquí les comparto la primera hora del taller que hicimos el lunes pasado sobre Cómo enriquecer la calidad de vida, asistencial y vía web. Más información en http://taller.pensarlavida.com.ar








martes 19 de julio de 2011

Calidad de vida: cómo enriquecerla


Publiqué recientemente este artículo en el sitio de CEO Forum, de Vistage. Les comparto el comienzo:

"Existe una diferencia que es necesario hacer explícita, entre “nivel de vida” y “calidad de vida”. Cuando hablamos de lo primero, referimos a la disponibilidad de bienes materiales, cosas y posesiones de las que disponemos.

Cuando hablamos de calidad de vida nos referimos al grado de alegría, buen ánimo, felicidad, sensaciones de gozo y plenitud, conexión con lo bueno que la vida nos ofrece… En este plano todos somos aprendices y es mucho lo que podemos enriquecernos.

Asumir la calidad de vida y la felicidad como parte de lo que más nos importa y da sentido a nuestra existencia, no es tarea sencilla. Para la forma de concebir la vida que nos organizó como personas y nos entregó los mandatos de “cómo vivir”, el hecho de ser feliz y disfrutar de la vida es un tema marginal y poco significante respecto a lo que se concebía como lo verdaderamente valorable: llegar a “ser alguien” en la vida. Alguien útil, poderoso, una persona importante…"

leer + (clic aquí para acceder a la nota completa).

lunes 18 de julio de 2011

Cómo hacer que el trabajo no sea un sacrificio

Las personas nos relacionamos con el trabajo de maneras que heredamos de generaciones que vivieron en condiciones tecnológicas muy diferentes a las actuales. Esa herencia nos impide degustar la tarea y vivenciarla con ganas. Vivimos el tiempo de trabajo como tiempo alienado, y eso también corroe las posibilidades de bienestar en nuestras vidas.
Creo que debemos repensar la actitud que nos hace vivir el trabajo desde una emocionalidad cuyo eje pasa por sentir todo esfuerzo laboral como penoso. El trabajo acapara muchas horas de nuestra vida cotidiana. Por lo tanto recrear nuestra actitud en este plano es una cuestión principal en el cuidado de nuestra vida. No podemos dejarla a la deriva y a merced de las circunstancias: es necesario bucear en la historia cultural y en nosotros mismos, a fin de encontrar las dificultades, las posibilidades superadoras y los caminos para afirmarlas.

Un buen comienzo puede ser repensar la frase bíblica “ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Las condiciones socio-culturales de épocas pasadas hicieron que esta frase fuera usada como un mandato para lograr el auto-disciplinamiento productivo. Fue uno de los caminos en que la religión institucionalizada participó en la tarea de disciplinar a las personas en el trabajo. Para comprender esta formulación bíblica es necesario puntualizar que ella estaba estrechamente vinculada con situaciones históricas en las que “ganarse el pan” requería mucho sacrificio.

En nuestros días sería bueno interpretar esta frase como una extensión del “no robarás” de los célebres diez mandamientos. Quizás esta sea una significación que convenga más a los tiempos actuales, tan plenos de corrupción y de utilitarismo desaforado. En esta lectura el texto nos diría que todos debemos asumir responsabilidades productivas y evitar los oportunismos que a algunos les permite apropiarse del esfuerzo de otros.

Sacudirse el mandato

Sea como fuere, lo cierto es que aquello de “te ganarás el pan con el sudor de tu frente” se instaló en nuestras referencias morales como exigencia de disposición al esfuerzo penoso. En la actualidad las transformaciones en las condiciones tecnológicas de la producción hacen posible y deseable la relectura del mandato: hoy la acción productiva está asistida por un desarrollo tecnológico (saberes y maquinarias) que acrecentó de manera radical la fuerza humana.

Para ayudarnos a traer a nuestras mentes la dimensión de esta evolución histórica del trabajo, propongo recurrir al lenguaje: en nuestros días es difícil pensar en situaciones de esfuerzo en que alguien se “deslome” de manera literal (conservo el recuerdo de esta palabra desde mi infancia acontecida en el campo argentino de la década de los 40, cuando todavía solía usarse para referirse de manera literal a situaciones muy concretas) El diccionario explica “deslomar”: como “lastimar gravemente los lomos [de una persona o animal]”. Hoy sólo puede usarse esa expresión metafóricamente: en nuestros días apretar un botón o bajar una palanca mueve fuerzas superiores a las de muchos hombres. Esta es una consecuencia concreta del avance tecnológico que transformó las acciones productivas de los humanos.
Otra transformación importante es que la robótica se hizo cargo de los actos repetitivos. La primera etapa de la era industrial se caracterizó por la reiteración infinita de las mismas acciones durante horas interminables: en ese entonces el sacrificio no consistía sólo en “deslomarse” sino en confinar el propio ser a operar como parte de una máquina durante las horas de trabajo.

Hoy las acciones humanas productivas son principalmente actividades de supervisión de las máquinas, y en esta situación se nos hace posible –y se nos requiere- otra actitud en la tarea: necesitamos más creatividad y autonomía. Actualmente no nos sirve posicionarnos ante el trabajo desdevuna base emocional anclada en el esfuerzo penoso. Eso nos debilita la imaginación y la inventiva. Las condiciones materiales en que trabajamos actualmente hacen que podamos replantear esta actitud y para eso conviene preguntarnos sobre nuestra relación con el trabajo. Sin embargo, para hacerlo será bueno ser concientes de otras dos cuestiones importantes.

La retribución económica no es lo único

Nuestro trabajo genera la reproducción constante de lo que necesitamos para vivir. Esto se organiza en nuestra experiencia a través de la retribución económica por el trabajo: con ella adquirimos en el mercado lo que otros producen, y así disponemos de lo que constituye la “canasta” de nuestras necesidades. Más allá de los desequilibrios sociales en la distribución de la riqueza, todos los que trabajamos adquirimos lo que precisamos con ese resultado económico. Sin dudas esto hace que se trate de un sentido muy importante de nuestra tarea, el problema es que suele convertirse en único.

La estrechez de esta mirada nos posiciona de tal manera que experimentamos el trabajo como si todo lo que importara fuese la retribución o rentabilidad económica. Es esta la perspectiva casi excluyente a través de la cual estamos acostumbrados a evaluar un empleo o una actividad empresarial: “¿Cuánto ganas? ¿Cómo te va en los negocios?”. Esto hace que el tiempo de trabajo sea vivido sólo en función de su resultante económica. Sentimos que debemos entregar una parte de nuestro tiempo para obtener a cambio una recompensa económica. Ponemos todo el sentido de la actividad en el resultado y no registramos lo que va pasando en la actividad misma sino como un costo.

¿Qué hay de nuestro presente así organizado? En esta forma de la experiencia no podemos registrar lo que nos importa y agrada del presente, pues éste se desvanece al poner su sentido más allá de sí mismo. Lo que sugiero es abrir el registro, ampliarlo, permitirnos disfrutar de lo que nos guste hacer aún cuando estemos trabajando. Lo que hacemos puede gustarnos mucho o muy poco, pero siempre habrá posibilidad de registrar aspectos positivos. Paladear la tarea no significa negar la importancia de los resultados. “Más gusto” no implica “menos resultado”, sino todo lo contrario.

La realización personal también importa

El trabajo es uno de los planos de la experiencia en que el ser humano trasciende su ser para crear realidades más allá de sí mismo. Es una de las actividades en la que se realiza objetivándose: Es decir, crea fuera de sí algo que surge de sí mismo, de su energía y de su accionar. Los productos o servicios que genera existen más allá de él una vez creados. Su vida es de este modo generadora de posibilidades que se ofrecen a la vida de otros.

En todo esto, y más allá de lo económico, hay una riqueza que perdemos de vista: vemos lo generado por nuestro trabajo desde la perspectiva de la “importancia personal”, lo vivimos competitivamente. No lo registramos como afirmación creadora de nuestra experiencia. De este modo es habitual que la alegría y el goce por lo hecho quede fuera de nuestras sensaciones.


En síntesis
  • Nos posicionamos desde la idea heredada de que todo esfuerzo laboral es un esfuerzo penoso.
  • Valoramos el trabajo sólo desde el resultado económico.
  • No registramos nuestras prácticas productivas como generadoras de vida y riqueza existencial.
  • Organizada de esta forma, nuestra experiencia laboral deja afuera toda significación referente a la alegría y el goce de vivir.
¿Podemos cambiar esto y mejorar nuestra experiencia laboral? En mi opinión esto es posible, pero para transformar el modo de experimentar el trabajo debemos generar en nosotros otras maneras de sentirlo-vivirlo. Para eso será bueno hacernos (y reiterarnos con frecuencia) algunas preguntas que pueden ayudarnos a encontrar las sensaciones que nos orienten hacia nuevas formas de la experiencia:
  • De mis tareas cotidianas ¿qué es lo que más me gusta hacer?
  • ¿Cómo me gustaría hacer lo que hago?
  • ¿Qué puedo cambiar para pasarla mejor en mi trabajo?
  • ¿Cómo incide lo que hago en la vida de quienes lo usan o consumen?
  • Mi trabajo, ¿genera calidad de vida a las personas, o es sólo un negocio rentable?
Este tipo de preguntas nos irán posibilitando concebir el trabajo cómo un ámbito en el que también podemos disfrutar. Harán que aparezcan novedades, primero en nuestro interior: sensaciones, deseos y posibilidades. Así irán surgiendo las primeras “puntas”: comenzaremos a imaginar y luego a actuar actitudes y maneras novedosas de enriquecer nuestra experiencia.

Al abrir las preguntas puede ser que algunas personas no logren sino ratificar que el trabajo que hacen no les gusta, y que tampoco les interesa el producto que generan. En esos casos convendrá pensar en otro proyecto. Pero para lograr una situación laboral más disfrutable no siempre hay que conseguir otra ocupación. Es posible que se trate de hacer lo mismo que estamos haciendo, pero con una actitud y un posicionamiento diferentes. Transformar la mirada nos permitirá crear posibilidades nuevas.